El terremoto de Venezuela: lo que sabemos y lo que aún debemos investigar
En los últimos días han circulado innumerables análisis sobre el terremoto del pasado 24 de Junio en Venezuela. Es natural que todos queramos entender qué ocurrió. Sin embargo, en este tipo de situaciones conviene distinguir entre las hipótesis, las evidencias y las conclusiones.
Como ingeniero geotécnico argentino-venezolano, he seguido con atención las explicaciones que distintos especialistas han ofrecido durante estos días. De ahí que este texto sea un intento de integrar esas aportaciones para ayudar a comprender, de forma sencilla, qué sabemos hasta ahora y qué aspectos aún deben investigarse. En los comentarios dejaré los enlaces para quienes deseen revisar directamente algunas entrevistas y publicaciones.
Venezuela está situada en una zona de elevada sismicidad, en el límite entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamericana. Básicamente, en este tipo de límites se acumula energía y, cuando se libera cada cierto tiempo, generan ondas que se transmiten a través del suelo, produciendo lo que conocemos como terremotos. Existe evidencia histórica sobre grandes eventos sísmicos acaecidos en Venezuela (quizá la más conocida es la del sismo de 1812, aquel de la famosa frase de Bolívar, o el recordado sismo de Caracas de 1967), y también evidencia instrumental, registrada a través de la red de sismógrafos de FUNVISIS (Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas) y de otros entes alrededor del mundo (como el USGS, US Geological Service, por ejemplo). Los eventos sísmicos del 24 de Junio fueron los de mayor magnitud (es decir, los de mayor liberación de energía) registrados con instrumentación en la historia de Venezuela.
Quizá la pregunta que muchos se hacen es: ¿Por qué se observó tanta devastación en algunas zonas (Catia La Mar, Carabellada) y daños significativos en otras (Los Palos Grandes y San Bernardino, en Caracas), mientras que en otros lugares la afectación fue mucho menor (por ejemplo en Naiguatá, a 10 minutos al Este de Caraballeda, o en Barquisimeto, equidistante de la fuente del sismo hacia el Oeste del país, por mencionar solo dos lugares)? Para responder este interrogante, se manejan actualmente cinco factores principales:
- Las magnitudes de los eventos. Los sismos ocurridos (Mw 7.2 y 7.5) liberaron una enorme cantidad de energía y, según algunos especialistas, podrían ser comparables con la del terremoto de 1812, que destruyó varias ciudades del país.
- Los efectos de sitio. Desde hace décadas se conoce que en lugares donde existe una acumulación importante de sedimentos (es decir, suelos que contienen arenas, limos y arcillas, o mezclas de estos materiales) por encima de la roca (caso de Caraballeda y Catia La Mar, en el litoral central, y Los Palos Grandes y San Bernardino, en el valle de Caracas, donde se alcanzan más de 300-400 m de sedimentos por encima del lecho rocoso), las ondas sísmicas generadas por sismos relativamente lejanos (los del 24 de Junio tienen sus focos aproximadamente a 200 km de las zonas de desastre) tienden a amplificarse. Los edificios altos de más de 10 pisos son especialmente vulnerables a este tipo de fenómenos. Las edificaciones apoyadas en roca o en espesores relativamente bajos de sedimentos, por otro lado, son menos vulnerables a este tipo de efectos (como se observó, por ejemplo, en Naiguatá o en algunas urbanizaciones ubicadas al Sudeste de Caracas).
- La posible licuación de suelos. En algunos lugares cercanos a la costa, se han observado evidencias de la ocurrencia de este fenómeno, en el que arenas saturadas pierden temporalmente su resistencia durante el terremoto y pasan a comportarse como un lodo, comprometiendo la estabilidad de carreteras, viviendas y otras estructuras.
- Los efectos de direccionalidad de la ruptura. Cuando las ondas se propagan desde el hipocentro u origen de un evento sísmico, llevan una dirección predominante. Es por eso que no se han observado daños significativos hacia el Oeste de la zona de generación de los sismos del 24 de Junio, y sí hacia el Este.
- La vulnerabilidad sísmica de las edificaciones. Este concepto se relaciona con qué tan propensa puede ser una estructura a sufrir daños ante un evento sísmico, considerando la antigüedad de las construcciones y la normativa con la que fueron diseñadas, la calidad del proyecto, la ejecución de la obra, la supervisión y los materiales empleados.
¿Y qué ocurre ahora?
Una vez finalizadas las labores de rescate, comienza el trabajo científico e ingenieril. Es necesario inspeccionar las edificaciones dañadas y las que permanecieron en pie, identificar los mecanismos de falla, evaluar el desempeño de la normativa vigente, revisar posibles efectos locales del terreno y determinar si existieron deficiencias de diseño, construcción o supervisión. Ese proceso requiere meses de trabajo y la participación coordinada de geólogos, sismólogos, ingenieros geotécnicos, ingenieros estructurales, universidades, centros de investigación y sociedades científicas.
Otra inquietud que suele angustiar a la población es cómo saber si un edificio que sufrió daños sigue siendo seguro. Y la única manera de saberlo es por medio de una inspección detallada, minuciosa, realizada por profesionales cualificados y siguiendo protocolos técnicos específicos. Esa evaluación es la que permite decidir si una estructura puede seguir utilizándose, necesita reparaciones, o debe demolerse.
¿Puede ocurrir un terremoto similar en el futuro cercano? La evidencia histórica -no sólo en Venezuela, sino en todo el mundo- indica que no es esperable que las réplicas alcancen una magnitud comparable a la de los sismos principales. Las réplicas pueden prolongarse durante semanas o incluso meses, y algunas podrían sentirse con intensidad, pero lo habitual es que su magnitud y la energía que liberan sean progresivamente menores.
Espero que este texto contribuya, aunque sea modestamente, a comprender mejor la situación. Y termino con una reflexión: los terremotos dejan pérdidas irreparables, pero también dejan la responsabilidad de aprender. Debemos investigar con rigor por qué muchas edificaciones fallaron y por qué otras resistieron, identificando el papel que desempeñaron el terreno, el diseño estructural, la construcción, la supervisión y la calidad de los materiales. Sólo así podremos determinar si es necesario revisar algunos aspectos de nuestra normativa y, sobre todo, verificar que las buenas prácticas de diseño, construcción, supervisión y control de calidad se cumplan de manera sistemática. Esa es, probablemente, la principal lección que debemos extraer de este terremoto.
Comparto algunas de las entrevistas y publicaciones que podrían ser de interés:
Heriberto José Echezuría Marval:
https://www.youtube.com/live/
Gustavo Iribarren Rendón
https://www.instagram.com/
Franck Audemard
https://www.instagram.com/
Edinson Guanchez (PhD, MSc)
https://www.instagram.com/
Michael Smith
https://www.instagram.com/
BBC Mundo
https://www.instagram.com/
Francisco Garcés
https://www.instagram.com/
https://www.instagram.com/
Carla Angola
https://www.youtube.com/
BBC Mundo
https://www.bbc.com/mundo/